El poema en el poema, de Efraín Barquero
(LOM Ediciones, Colección
Entre Mares Poesía,
Santiago de Chile, 2004)
Por
José Miguel Ruiz Menares
www.culturaldomeyko.cl
Efraín Barquero ha seguido “ahondando huellas” en su
vasta experiencia poética. En este libro están presentes
los objetos, las herramientas, los utensilios cotidianos; los lugares
y cosas arquetípicos: la mesa, el pozo, la casa, y los seres
que han habitado desde siempre el mundo barqueriano, aunque aquí
de modo genérico (ya no de manera explícita y definida
como en otras
obras
del poeta, aquellas con las figuras del padre -“El regreso”-, del
abuelo -en “Enjambre”-, del hijo -“El invitado”-, la mujer -“La compañera”,
uno de los más bellos libros de Barquero-): “Nadie está
lejos si puedo nombrarlo/ si mi perro mueve la cola cuando lo nombro”.
Encontramos en este volumen aciertos poético-filosóficos:
“Un hombre al vivir no es más que un hombre./ Y al morir es
un poco más pensativo” (“Muéstrate”), que son hallazgos
de un profundo e inspirado observador del ser humano, de su vivir
y morir y de su relación con la realidad cotidiana en clave
de trascendencia. Barquero no pareciera detenerse en el lenguaje como
un campo de experimentación, de posibilidades de creación
de figuras retóricas, en síntesis, de la pirotecnia
verbal, sino que utiliza el lenguaje para develar, conocer y “dialogar”
con un lector invisible y omnipresente, o una presencia ubicua a quien
se dirigiera (pudiendo ser, en ocasiones, él mismo): “Si amé
la poesía fue porque creí en ustedes/ porque quise hacer
de lo disperso una unidad” (“El poema en el poema”), “No te hagas
a un lado/ se detendrá justo ante ti/ como si te hubiera conocido
en un amanecer muy lejano” (“Un viejo en el amanecer”).
Señala Barquero: “Cuántas veces fui de la puerta al
pozo/ con los ojos cerrados/ y jamás me equivoqué porque
tenía sed” (“El poema en el poema”), en unos versos que expresan
un arte poética o arte de vida del poeta: la sed, lo que se
designa figuradamente a través de ella, es la brújula
segura que indica el norte al creador o a cualquiera que esté
atento a las voces profundas de sí mismo.
Creemos que es muy interesante (esencial) poner atención a
lo que los poetas dicen respecto del poema y la poesía. Aquí
Barquero habla del poema con la autoridad de quien hace más
de medio siglo publicó su primer poemario: “La poesía
es como hacer un gran fuego/ un soplido largo, muy largo en las tinieblas/
cuyo sonido cambia si es invierno o verano/ olvidando quiénes
somos en la eterna llamarada”;
"El poema vive en la mente como un hijo”; “Un poema es como
beber en un agua profunda/ donde cada círculo es más
grande que el anterior”; “Los verdaderos poemas son los póstumos/
que se escriben a oscuras con la luz del relámpago”.
Barquero continúa en esta obra en la profundización
de su experiencia poética. Sus poemas contienen los elementos
esenciales que encontramos a lo largo de toda su obra, ese tono “dialogante”
que nos comunica una vivencia poética consolidada, segura;
con una voz propia, reconocida e identificable en el panorama de la
poesía chilena contemporánea.
Barquero es uno de nuestros grandes poetas vivos. Su discurso poético
directo, sencillo en su expresión (aunque igualmente distante
de un lenguaje propiamente coloquial como de cualquier barroquismo
o hermetismo), es poseedor de lo adquirido en una larga trayectoria
poética que, a partir de lo cotidiano, va hacia lo trascendente:
lo arquetípico, la muerte, el sentido último del poema,
en definitiva, de la poesía.
Un libro recomendable para todo lector, especialmente para los que
buscan una poesía de madurez, hija de un intenso y prolongado
contacto con el quehacer poético, silencios de por medio. Aquellos
que quieran encontrarse con la obra de uno de nuestros mayores poetas.